Educando a nuestra mascota.

El llevar una mascota a la casa; sin importar la especie, es un paso importante para la persona, pareja o familia.


Conlleva un planeamiento, repartir responsabilidades; quién sacará a caminar a la mascota, quién lo llevará al médico, quién recogerá y limpiará tras él sus desechos y a lo largo de este proceso lleno de emoción se nos olvida el ¿Cómo lo educaremos?

Las primeras visitas que realizan al médico veterinario suelen ser para su programa de vacunación y desparasitación; y por supuesto para evacuar dudas. Cuentan sus anécdotas, la cual la mayoría son sumamente divertidas y permisivas: “ese enano muerde absolutamente todo”, “Vieras lo duro que muerde este bandido”, “Chiquitito pero matón, con ese tamaño nos gruñe”.

Conforme vamos avanzando en el programa de vacunas, las anécdotas se empiezan a acompañar por un tono de preocupación o a veces lleno de frustración: “Ay este niño que se come todo... el otro día mordió la pata de la mesa del comedor”, “ Uy le ha dado por mordernos y ladrar para llamar la atención”, “No sé que hacer, se orina en todo lado”.

Muchas veces debido a la frustración pueden perder la paciencia y darse por vencidos. Lo cual es una lástima porque se privan tanto los dueños como las mascotas de tener un vínculo afectivo fuerte entre ellos. Y para alcanzar este vínculo es importante tener algo claro, es como toda relación en nuestras vidas, tenemos que ser perseverantes y esforzarnos.

Tenemos que comprender que ellos al igual que nosotros nacen en sociedad pero sin conocer las “normas” de la misma, y no es justo esperar que sin una guía adecuada sepan cómo comportarse o que en cuestión de meses hayan aprendido a la perfección lo que se espera de ellos. Y tal vez no hemos hecho conciencia que puede ser que seamos nosotros los que cometamos errores y los terminamos confundiendo a ellos aún más.

Cuando cualquiera de nosotros llevamos una mascota a nuestra casa, nos estamos haciendo automáticamente responsables de ella en todo sentido. Desde la parte médica, alimenticia, y conductual.

Estamos llevando a una especie diferente a convivir con nosotros y aunque sea una especie domesticada, no significa que los perros hayan perdido o que tenga que perder todos sus rasgos característicos de su especie.

Durante millones de años los perros sobrevivieron en grupos altamente organizados dirigidos por un perro líder, denominado el Alfa. Este dictaba las reglas y era muy exigente pero la manada sabía que era por el bien de todos y por tanto, aceptaban sus decisiones.

Y aunque eso fue mucho tiempo atrás y lo más que cazan ahora nuestras mascotas son las galletas o los juguetes que estaban debajo de la cama, en sus genes aún está el necesitar a quién obedecer, un guía.

Por supuesto al ser nosotros los que controlamos sus comidas, sus salidas al parque y cuántas veces lanzamos la bola; a los ojos de nuestras mascota somos el líder de su manada.

Pero ¿qué pasa cuando nosotros no cumplimos con nuestro deber de líder y les permitimos tener ciertas conductas que en un futuro provocarán situaciones indeseables? De nadie más es la responsabilidad sino del Alfa en educar a su manada, y este debe de saber que hay conductas que aún siendo cachorros no deben de permitirse.

¿Cuándo corregir a la mascota?

No hay mejor momento para corregir una conducta que en el momento exacto que suceda; porque entre más veces la conducta se repita más se reforzará.

Con este punto los dueños tienen sentimientos encontrados, ya que se sienten culpables de llamarle la atención a un cachorrito de 3 meses. Tenemos que comprender que debemos ser estrictos con ellos por su propio bien.

En el momento en que se establezcan las reglas y se hagan cumplir estaremos asumiendo nuestro papel. Si no lo hacemos, nuestro perro creerá que él debe de ser el Alfa y tomará sus propias decisiones.

Cuando no asumimos nuestro papel de Alfa, la mascota será quien mande.

Ahora, esto ni significa que nos debamos convertir en la peor pesadilla de nuestros perros. Hace muchos años la educación consistían en implantar temor, castigos físicos y el aislamiento; tanto para humanos como perros, pero lo que esto proporcionará es una disciplina con bases de miedo y no de respeto hacia nosotros.

Lo que nosotros buscamos es impartir disciplina con paciencia y amor, dándole espacio a que se desarrolle un vínculo afectivo fuerte entre nuestra mascota y nosotros.

Es brindarles todas las oportunidades para que hagan las cosas de manera correcta y nosotros poder felicitarlos, en vez de ponerles las cosas cuesta arriba y que nuestra manera de corregirlos sea regañarlos todo el día.

Por ejemplo; queremos que nuestra mascota aprenda a hacer sus necesidades afuera. ¿Qué podemos hacer para ayudarle a que triunfe en esta tarea? Podríamos tomarnos el tiempo de observarlo y conocer su rutina. Si sabemos que a los 20-30 minutos después de comer va a querer defecar, entonces llevarlo con tiempo donde necesitamos que realice sus necesidades sería una gran ayuda.

Por el otro lado ¿Qué sería ponerle cuesta arriba esta misma situación? Que lo mantengamos en nuestro cuarto por varias horas o que mantengamos la puerta que da al patio cerrada durante gran parte del día. La mascota si no tiene acceso a un lugar específico para realizar sus necesidades las hará donde sea y no sería justo que los regañáramos por orinarse en la alfombra de nuestro cuarto.

¿Cómo adiestrar a la mascota?

Expertos han demostrado que aprenden mejor y más rápido cuando son recompensados por su buena conducta que cuando son reprendidos con gritos, golpes y castigos. A esto se le llama "reforzamiento positivo". Entre más veces utilicemos esta modalidad positiva de entrenamiento, menos eventos negativos habrán sintiéndose ambas partes felices.

Para que este tipo de entrenamiento funcione debe de haber una recompensa; la cual puede ser un juguete, afecto o comida. Esta última es la que más se utiliza en adiestramiento. Debe de ser algo que realmente le guste a la mascota para que sea un potente reforzador.

También es importante tomar en cuenta el momento justo y el lugar en que se premia. Si lo queremos premiar porque se sentó, el reforzador debería darse inmediatamente el perro se siente por completo y no brindarlo más arriba en donde que tenga que estirar el cuello o levantarse ni tampoco tan abajo que tenga que acostarse para ingerirlo.

Los adiestradores caninos manejan una increíble herramienta llamada “Clicker”. Este es un puente de comunicación entre ellos y nosotros. Les especifica, por medio del sonido que emite, exactamente cuál conducta se está premiando.

Para lograr esto se debe de saber bien cómo funciona el Clicker Training, saber cómo “cargar” el clicker (es decir, que la mascota aprenda que cada vez que suena se le dará un reforzador) y cuándo clickear y cuando no. De lo contrario, esta increíble herramienta puede volverse un dolor de cabeza para el propietario dándole señales equivocadas a su mascota.

Otro tema importante es la consistencia. ¿Cuántas veces nuestra mascota rompe la bolsa de basura, le gruñe a alguien, se orina donde no debe y no le llamamos la atención? La respuesta: muchas veces.

La educación canina es de todos los días. Con una vez que dejemos pasar una conducta indeseada le damos espacio a que esta se refuerce y se vuelva más difícil de eliminar luego.

Nuestra mascota jamás entenderá por qué una acción es aceptable en un momento y no lo es en otro. Ellos no comprenden el concepto de conveniencia, que esté ligado a nuestro estado anímico o a eventos sociales.

No nos importa que nos brinquen encima cuando andamos en pijamas, pero nos enojamos si hacen exactamente lo mismo cuando vamos vestidos formales. ¿Cómo pensamos que ellos van a entender este cambio de atuendos?

O le damos comida debajo de la mesa normalmente, pero cuando hay invitados y llega a pedir su porción, el pobre es un maleducado y termina en el patio castigado.

Para evitar contradicciones en la educación de nuestra mascota, las reglas son las reglas y deben de ser respetadas sin importar el evento, la ropa o nuestro humor.

Si estamos enseñándole a nuestra mascota a no brincarle encima a las personas que lleguen de visita y lo dejamos pasar de vez en cuando nuestra mascota lo seguirá haciendo por que no le ha quedado claro si es o no permitido.

Nosotros tenemos que tomarnos el tiempo para entrenar con nuestra mascota hasta lograrlo. Estar listos y atentos a cuando lleguen visitas teniendo el reforzador a mano y guiar a nuestra mascota para evitar que desbordado de la emoción olvide su entrenamiento.

No hay que darse por vencidos, muy probablemente las primeras veces brinque o con una persona en particular nos cueste más. No significa que no está funcionando, parte del entrenamiento hay que hacerlo en situaciones reales, corregir cuando sea necesario y premiar cuando se haga bien. Es un proceso largo, que requiere paciencia, amor, perseverancia y consistencia.

Por otro lado, tenemos que recordar que son perros y no son seres humanos.

Esta frase no tiene que tomarse como negativa; todo lo contrario, los perros son seres increíbles, nobles y buenos por naturaleza. Pero como anteriormente expliqué, no significa que por convivir con nosotros tengan que perder su esencia.

No hay perro que tenga que andar obligatoriamente alzado en los regazos todo el tiempo o que tenga que comer de nuestra mano. Muchas veces por querer consentirlos y protegerlos logramos que ellos dependan más de la cuenta en nosotros.

He tenido propietarios en consulta que me dicen “¿Pero cuál es el problema de que yo lo alimento de mi mano? Yo siempre puedo hacerlo, no me afecta en lo más mínimo”.

En realidad el que va a tener el problema más adelante será la mascota, no el dueño. ¿Qué pasará cuando desee la familia hacer un viaje y dejar la mascota con alguien más? Muy probablemente el tiempo que esté fuera la persona que lo alimenta de la mano no comerá. Dependiendo del tiempo, si la mascota es muy nerviosa, o si es susceptible a tener cuadros digestivos; podrá desarrollar una gastritis.

Tenemos también casos en donde la relación es muy dependiente; por ejemplo que no come ni hace sus necesidades hasta que llegue su dueño a la casa, que pasa alzado o en sus regazos la mayoría del día.

Un viaje a la playa puede desencadenar en un cuadro de ansiedad por separación. La mascota no come, no toma agua, no quiere jugar, y pasa ansioso. ¿Será justo para ellos pasarlo así de mal? Creo que el amor no tiene por qué ser limitado, pero sí guiado para el bien de ambas partes.

Para concluir

Recuerde que ellos ocupan un guía que los oriente en el mundo humano y sus complicadas reglas. Pero también es vital saber que nosotros podemos necesitar ayuda en esta educación.

Hoy en día los verdaderos adiestradores caninos van más allá del entrenamiento básico de sentarse, echarse y quedarse quieto. Pueden ayudarnos a socializar a nuestras mascotas, brindarles diferentes estímulos sonoros, lumínicos, táctiles y olfativos desde temprana edad de manera paulatina y guiada logrando esta manera mascotas adultas de un temperamento más estable.

También ayudarnos con tareas específicas que por motivos familiares o de la casa necesitamos que nuestra mascota adquiera. No está mal pedir ayuda en la educación de nuestras mascotas, ya sean cachorros o adultos.

En realidad, reconocer cuando necesitamos ayuda y no dejar que el tiempo pase nos hace propietarios responsables. Todos esperamos que nuestras mascotas estén con nosotros por muchos años, por lo que trabajemos junto a ellos para que esos años sean los mejores años de nuestra vida.

Dra. Andrea Jiménez Borrero Médico Veterinaria
  • - Experta en Terapia Asistida con Animales
  • - Técnica en Terapia Asistida con Animales
  • - Entrenadora de Perros de Asistencia